lunes, 15 de abril de 2013

Domótica


   Nada más salir del cuarto de baño tropezó de la forma más tonta hasta dar con la rodilla en tierra, es decir, en la moqueta plagada de sensores. La casa despertó de su letargo impulsada por el ordenador central del edificio, y la característica sucesión de chasquidos indicó sin lugar a dudas que el protocolo de rescate se ponía en marcha. Como primera medida, se cursaría un aviso a la unidad de urgencias del barrio. Maldijo a la domótica. Era preciso acercarse cuanto antes al panel de mandos para anular el proceso; pero ya en camino calculó mal las distancias y rozó un sismógrafo. Se acumulaban los mensajes urgentes, ahora para los bomberos. Desde luego, resultaba imprescindible llegar al centro de control, así que se dejó llevar en imprudente carrera mientras creía percibir la desconfianza de la casa. Al llegar por fin ante el cuadro de mandos intentó calmarse y respiró hondo; pero al abrir el armarito tenía las manos algo sudadas, y cuando propuso la identificación por la pupila no hubo de parecerle muy convincente al cerebro de lata, ya que el escáner se negó a reconocerlo. Era el turno de la policía. La alarma empezó a rugir con sus atroces alaridos, bajaron las rejas metálicas sellando puertas y ventanas, por las espitas del techo manaba el gas paralizante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario