lunes, 15 de abril de 2013

El problema de los diarios

 
   Soy aficionado a los diarios, memorias, libros de apuntes y todo eso, ¿por qué no llevo entonces uno mío? El diario exige ponerse límites y disciplina. El límite podría ser hablar sólo de libros, y a través de ellos de la vida o de mi vida, igualmente me servirían de estímulo las películas, y no las descarto; pero las ganas de escribir surgen más de la lectura que de otra cosa, las imágenes siguen siendo para mí una motivación inferior en comparación con el relato escrito. Eso no quiere decir que disfrute menos del cine que de la literatura, puede que incluso me guste más, o me haga más feliz en todo caso, pero la hermandad natural de un libro es con otros libros, y un diario, aun en manuscrito, es una resma de hojas, un libro salvaje.
   La tarde que he pasado husmeando en las librerías me ha llevado a esta enésima decisión de ponerme a diario. He estado varias horas picoteando antes de hacerme con un par de libros, uno de ellos es La novela luminosa de Mario Levrero. Digo que este libro me ha debido influir, porque acabo de dejarlo para abrir este archivo de Word, como el propio Levrero hace a cada instante en su “Diario de la beca”. No es malo este tipo de reacciones, el propio Levrero confiesa al inicio del suyo que lo puso en movimiento la lectura de Alcancía, el diario de Rosa Chacel. Así que me limito a seguir la cadena. En todos los diarios que he leído he ido subrayando las referencias a otros escritores destacados por los diaristas, siempre las he subrayado en rojo, he anotado en las páginas finales las pleitesías a tal o cual texto o libro favorito, he contrastado mi opinión del momento con la del egotista, y el tono de esas confesiones me da en general la medida del diario completo. Levrero es parco en referencias librescas, cuenta muchos sueños (aburridos), su cotidiana lucha con el insomnio y los achaques físicos y con sus amigos, especialmente una tal Chl (que le lee sus escritos, así que el Diario se transforma en Confesión). Aunque escasas, las referencias literarias me parecen interesantes pero sin desarrollo, por ejemplo dice que descubre a Somerset Maugham con sesenta años, o que Ellroy es un perturbado (yo no he leído a Ellroy). También cambia de opinión y pasa de poner en un altar a Rosa Chacel a no poder soportarla. También a mí me ocurre eso a veces. Pasados unos días, abandono La novela luminosa y la idea del diario.


2 comentarios:

  1. Este blog tiene muy buena pinta, le auguro un gran futuro. Pienso ser testigo frecuente.
    ¡Mucho ánimo!

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