sábado, 20 de abril de 2013

A callar


   — Buenas noches —dice la cómoda nada más abrir la puerta de mi habitación. Entreveo a oscuras que me habla a través de su enorme labio de madera, el último cajón por abajo. Yo llego de madrugada, no demasiada sobria y con el regusto de otra noche insufrible contigo. La verdad, no tengo ganas de conversación. Me quito el vestido y lo tiro al suelo.
   — Tú te callas —contesto mientras pateo el cajón para cerrarle la boca.
   Estaría bueno.

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