jueves, 30 de mayo de 2013

J. M.

   No es feo, tampoco puede decirse que sea guapo. Si al menos sonriera alguna vez, si supiera contar una historia divertida o decir algo que no suene a Declaración Trascendental… Se ha revelado incapaz de gastar una broma, de bailar o hacer un cumplido. Ella no sabe ahora cómo terminó en su cama, en su casa, con ese padre siempre de por medio, con ese anciano apaleado por la vida que ha pasado a su hijo buena parte de su resentimiento y tristeza. Para colmo, lo ha tenido que conquistar ella a él. Ahora no se lo explica: algo hubo de encontrarle al principio, pero fuera lo que fuese ya lo ha olvidado. Tal vez eran detalles que cambiaron de posición sin dejar clara su procedencia ni sus derivaciones. Ella trabaja en un laboratorio, así que las metáforas científicas le resultan naturales. Él es profesor, enseña Lengua en el instituto de su hija. Así lo ha conocido. También escribe novelas, ella ha intentado leer alguna, pero se le caía de las manos, tan seca, tan adusta como un viaje por Sudáfrica.
   En ocasiones despierta en la noche o al alba y se topa con unos ojos que parecen brasas en el cielo. Su pelo amarillo empieza a clarearle en el cráneo y suele estar revuelto. La mira como si ella fuera a escaparse o a desaparecer en el aire, o mejor, como si ya lo hubiera hecho antes y ahora tuviera que repetirse el fenómeno.
   Va a dejarlo esta noche, ya lo ha decidido, así que ni puede ni quiere concentrarse. Él lo interpreta todo al contrario y se esfuerza como nunca. Lo siente hurgando interminablemente en sus entrañas, como buscando un tesoro. Eso la irrita, ella no es el tesoro de nadie.

2 comentarios:

  1. ¿Por qué acabamos unidos a la persona equivocada?
    Menos mal que "casi siempre" estamos a tiempo de rectificar...

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  2. Al principio nunca es la equivocada.
    (Se lo oí a una persona muy sabia).

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