lunes, 3 de junio de 2013

Adaptación natural

   Me la presentaron unos amigos y enseguida saltó la chispa. No voy a acordarme de las naranjas ni de cosas así para caracterizar el milagro, me limitaré a decir que Sonia fue desde el principio como una suerte de complemento. A Sonia no le gusta bailar, a mí tampoco; pero si pongo música le parece bien, y si no, también. Se indigna con lo que me indigna, bromea si algo me hace gracia y adora el bourbon.
  Llevábamos una semana en casa sin salir para nada, aunque no se hicieron pesados los días, al contrario, porque ella se adapta de modo natural, como si lleváramos toda la vida juntos. Al final hubo que poner los pies en la calle: hacer la compra, ir al cine, dar un paseo... Nos apetecía dar una vuelta.
   Entramos en un bar nocturno y nos encontramos con el pesado de Alberto. No aguanto a Alberto, precisamente porque es de los que no cejan: había que tomarse algo con él. Me encogí de hombros, le guiñé un ojo a Sonia, ella entendió enseguida. Mi chica y yo pedimos bourbon, Alberto un combinado. Estaba charlatán el muchacho, no paraba de hablar, y Sonia en su sitio, haciéndose cargo de todo. Una vez terminadas las copas, ellos encargaron combinados. De memoria acabé sabiéndome las paredes, hasta el último detalle. Ni se enteraron de que me había ido.


3 comentarios:

  1. Vaya con la "adaptación natural".
    En este caso prefiero "los polos opuestos se atraen"...
    ¿Qué tal, Benito? ;)

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  2. Muy bien, gracias, jaja. ¿Y tú? Oye, estamos ya como en otro blog que a lo mejor conoces, haciendo cábalas sobre quién será "Elvira S"...

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  3. No me digas que Elvira S no es real!!!!.... pues chico, ahí va una apuesta facilona: blanco, en botella, y con gafas....

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