sábado, 1 de junio de 2013

Ensalada poética

  Durante muchos años he tragado gruesos y ensangrentados filetes con patatas u otras cochambres; y el pescado siempre frito y rezumando escenas de familia y personajes secundarios. Mi dieta carnívora, hasta cuando se presentaba en láminas, lo era en papel de jamón serrano, en bocadillos de chorizo o en tostadas de manteca. Ahora cruzo el tiempo en que enumero años, rasuro canas, me preocupan la cura y la analítica. Por necesidad y por gusto me vuelvo a la simple verdura y al fragmento. Me sitúo bajo el peso de la levedad, tanto en la vida como en la palabra. En las variantes y en las ensaladas vengo a descubrir otra dieta, si no más alta al menos más sana, como en los aforismos encuentro divertidos dislates y relativas ocurrencias. Abandonemos sin pesar los fastos de la celebración moderna, los días y días de fiesta, los banquetes eternos, y vayamos hacia la escarola y la seta, el brécol y las habas, amén de todo tipo de florilegios seleccionados y suculentos. Aquí, lo primero que asombra es la variedad que hay en la huerta, después la capacidad combinatoria y el matiz del aderezo.  En los mesones y editoriales pequeñas se esmeran y nos las sirven con mezclum exquisito, con fruta e ilustraciones, con semillas y mucho ingenio. Dice la historia que ya Diógenes la aguaba en el río para engullirla sin más diálogo, mostrando así su enojo con el sistema y el platónico pensamiento. En su caso se condensa lo que en síntesis sólo un gesto apresa: la apología del silencio y una gran independencia.

5 comentarios:

  1. Según la filosofía de Diógenes: "El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al máximo sus necesidades".
    ¿Qué te parece esa idea, Benito?
    Me gustaría conocer tu opinión ;)

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  2. Diógenes me cae bien, y comparto su tendencia a la autarquía e independencia; pero incluso en esto es demasiado radical. Reducir al máximo las necesidades nos llevaría a vivir en un tonel (como dicen que hacía él), y liberarse de todos los deseos implica no disfrutar de la vida.

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  3. Qué encanto... A la madre se le saltan las lágrimas, jaja.

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