martes, 20 de agosto de 2013

20 - VIII - 2013

   Intento pasar estos días de impedimento de la mejor manera posible. Los tebeos son un buen recurso en estos casos, y ayer me hizo compañía Bastien Vivès, un francés que no llega a los 30 años y que me parece todo un experto en eso que podríamos llamar a lo Pascal "las razones del corazón". El primero que leí fue El gusto del cloro, que lo hizo célebre dentro del reducido mundillo del cómic. En esta historieta acompañamos a un joven de unos veintipocos años que por recomendación de su fisioterapeuta empieza a ir a una piscina todos los miércoles. Se dedica a nadar, claro, pero también observa a la gente, vuelve a hacer otro largo, se aburre. Uno de esos días aparece una joven más o menos de su edad, con su bañador de competición, atractiva, y en el agua parece que está bailando. Al miércoles siguiente va con un amigo que es muy extrovertido y disfruta con todo, se mojan, él se va a hacer un largo y cuando vuelve lo encuentra charlando con la chica. Él no dice una palabra, porque ya sabemos que es un poco reservado, pero se despide de la chica cuando el amigo lo hace. Ahora ya se conocen. Al miércoles siguiente la saluda y comienzan una tímida relación en la que él le sonsaca que ha sido nadadora profesional, que tiene medallas en campeonatos de segunda; también le explica cuál es la técnica para nadar de espaldas. Se encuentran todos los miércoles, y cuando ya tienen más confianza, jugando debajo del agua, ella le dice algo sólo con mímica, simulando que habla. Al salir él le pregunta qué le ha dicho, y ella asegura que se lo dirá la semana próxima. Pero no vuelve a la piscina. Él la espera, vaya si la espera; lo malo es que ni sabe su nombre ni nada de ella, y la confesión nos recuerda aquella otra al final de Lost in Translation, queda para la imaginación de los lectores.
   Vivès ha compuesto otros tebeos centrados en los problemas amorosos de los jóvenes, estudiantes universitarios sobre todo, siempre con gran talento y pulcritud, y señalando las débiles fronteras entre la promiscuidad, la amistad y el amor. Uno perfecto y el mejor de ese ciclo es Amistad estrecha, la historia de dos amigos que no saben que están enamorados. Pero tal vez su obra culmen hasta la fecha es el cómic con el dibujo menos trabajado, Polina, la historia de una bailarina rusa desde su infancia, empezando por su ingreso en una academia donde sufre a un profesor muy estricto, y que sigue con sus primeros éxitos y su relación siempre difícil con sus compañeros y amantes. Por debajo de todo, la figura de ese primer maestro con el que vive un emocionante reencuentro cuando ella se encuentra en la cima de su fama. Es una obra que entra en el terreno de la novela gráfica, por la ambición de la historia y la cautela con la que deja lo incomprensible de los sentimientos al margen de la explicación racional.
   En estos días de impedimento, leo a Bastien Vivès con igual placer que a Stendhal o Musil, y me alegra que el arte sea tan variado, y que el genio se exprese por vías tan diversas.


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