miércoles, 7 de agosto de 2013

6/7 - VIII - 2013

   El verano incita a planear viajes y aventuras. Vemos salir a los amigos uno tras otro, radiantes, a la busca de ese rincón del mundo que menos se parece al que ocupamos a diario, con sus zapatillas y chanclas, con sus tarros de vitaminas, y a la pregunta inevitable "¿Tú adónde irás?", no sabemos qué decirles, salvo evasivas como que depende de qué haga la niña, o que tenemos una fascitis plantar...
   Sin embargo, es sabido que hay exposiciones estupendas en Madrid, y que Félix de Azúa  recomienda encarecidamente visitar "La Belleza Encerrada" en el Museo del Prado. Y allá se nos va como otras veces nuestra parte más silvestre, la imaginación. Más de un día pasamos suponiendo que sacamos los billetes para el AVE, que buscamos hotel cerca de la gran pinacoteca, y que organizamos las horas necesarias para, esta vez sí, agotar todas y cada una de sus salas inagotables. En el moleskine ese que tenemos medio vacío podríamos anotar las referencias de los cuadros más secretos y ocultos (¡incluso dibujar pequeños recordatorios!), y con una lista de restaurantes vegetarianos y otra de librerías de ocasión nunca nos faltaría el sustento.
   Pero entonces nos acordamos de "Los cautivos de Longjumeau", de la novela y la peli aquella titulada Revolutionary Road, y de tantos otros seres reales o de ficción que sueñan con viajes y proyectan grandes empresas, o que simplemente aspiran a salir de sus casas, sin lograrlo; y se nos vienen a la cabeza los hikikomori japoneses y por encima de todo aquella película que filmó Frank Capra sobre el valle de Shangri-La, Horizontes perdidos, así que bajamos la temperatura del aire acondicionado, subimos el volumen de la música y planeamos una nueva lista de reproducción para Grooveshark. Además, ya va siendo hora de renovar el blog, que lo tenemos muy abandonado, y están todas esas cartas pendientes para los viajeros de verdad, los decididos... Por otro lado, tenemos que reconocer nuestras limitaciones con el dibujo, y el pie aún molesta día sí, día también.



1 comentario:

  1. Lo que hace disfrutar al viajero es lo que con él lleva no lo que encuentra.

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