jueves, 14 de noviembre de 2013

Carcharodon

Me han tratado como al demonio, y casi me convierto en uno. Tengo cinco filas de dientes que cortan como sierras, pero cazo con ignorancia, por intuición y olfato. Nunca he visto a esos jóvenes bronceados haciendo surf, aunque mis compañeros aseguran que saben igual que las tablas, a madera salada y cal, no nos sirven de alimento. Cuando los pescadores nos atrapan por gusto, con el único fin de probar su valentía, nos extirpan las mandíbulas para colgarlas en la pared como trofeos y demostrar que son más fieros que nosotros. Nadie puede discutir eso, de hecho casi estamos  extintos. A veces paso semanas sin ver a ninguno de los míos, sigo las corrientes templadas del Pacífico, y si encuentro a un macho lo aparto de mi camino a dentelladas. No encuentro motivos para seguir la rueda milenaria, y aunque el instinto es poderoso, sé que en alguna parte me espera una playa donde vararme y un grupo de aterrados bañistas que desde lejos observan mi enorme boca amenazante.
 

2 comentarios:

  1. ¡Hombre Benito! Te hemos echado de menos.
    Dan ganas de adoptar a esa solitaria y desesperanzada tiburona, tan tierna como la Bestia de Beaumont.

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  2. "Abajo, en el enorme acuario nadaba un tiburón blanco. Se movía en la claridad del agua como una sombra, con su aleta bordeando el aire. Es un cazón, me dijo, un cachorro, viven poco en cautiverio. Era bello y siniestro, y se movía con helada elegancia" (Piglia, El camino de Ida, pág. 52)

    "Echó a caminar por la vivienda, cuarenta y ocho habitaciones. La recorría cuando se sentía titubeante o deprimido. Pasó por delante de la piscina, del salón de cartas, del gimnasio; dejó atrás el acuario del tiburón y la sala de proyecciones" (DeLillo, Cosmópolis, pág. 20)

    Ya otros han tenido la misma idea... ;)

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