lunes, 7 de octubre de 2013

El Rinosonte

El Rinosonte apenas ve nada, es lento de reflejos y tiene armadura en lugar de piel. A pesar de no ver a los demás, ocupado como se halla en comprender sus múltiples necesidades, es capaz de inventar la realidad y acomodarla mediante largas meditaciones, enfebrecidas y delirantes, a sus propios intereses. Si decide que alguien lo ha ofendido o perjudicado, acecha en un recodo del camino y espera cada vez más impaciente y enfurruñado. Apenas tendrá tiempo el otro de evitar a la mole que sólo quiere destrozarlo. Por fortuna, el Rinosonte es gordo y lento, carece de la soltura suficiente para enfrentarse a los animales ligeros, y no es raro verlo en situaciones ridículas, escupiendo con el viento en contra, pateando charcos y encajado de cabeza entre dos árboles. Es un solitario, no acepta a los otros Rinosontes y se aparea por pura necesidad fisiológica, con desgana, dando tantas cornadas como recibe. Es un animal excesivo, especialmente longevo, pues nadie logra traspasar su férrea estructura. Muchos llegan a viejos, totalmente ciegos, sin apenas olfato y con la mente desquiciada. Suelen terminar sus días despeñados por algún desfiladero o sorprendidos por un rifle que confundieron con una máquina fotográfica, pues aún perdura la especie de que el cuerno de Rinosonte tiene propiedades milagrosas.