jueves, 14 de noviembre de 2013

Carcharodon

Me han tratado como al demonio, y casi me convierto en uno. Tengo cinco filas de dientes que cortan como sierras, pero cazo con ignorancia, por intuición y olfato. Nunca he visto a esos jóvenes bronceados haciendo surf, aunque mis compañeros aseguran que saben igual que las tablas, a madera salada y cal, no nos sirven de alimento. Cuando los pescadores nos atrapan por gusto, con el único fin de probar su valentía, nos extirpan las mandíbulas para colgarlas en la pared como trofeos y demostrar que son más fieros que nosotros. Nadie puede discutir eso, de hecho casi estamos  extintos. A veces paso semanas sin ver a ninguno de los míos, sigo las corrientes templadas del Pacífico, y si encuentro a un macho lo aparto de mi camino a dentelladas. No encuentro motivos para seguir la rueda milenaria, y aunque el instinto es poderoso, sé que en alguna parte me espera una playa donde vararme y un grupo de aterrados bañistas que desde lejos observan mi enorme boca amenazante.