sábado, 20 de septiembre de 2014

20 - IX - 2014

Un tenue malestar hoy, que viene en realidad de otra época, cuando la letra con sangre entraba  y se quedaba impresa en las cicatrices. Aparece en este tiempo cargado de inmediatez y de artilugios, en el que cada vez es menos frecuente leer textos no ya con estilo, ni siquiera correctamente escritos. Las leyendas en los telediarios repletas de incoherencias y errores, tantos como los del Presidente del Gobierno cuando improvisa sus victoriosos discursos en las Cortes, las traducciones descuidadas en los libros, con faltas de ortografía y puntuaciones arbitrarias, los titulares de periódico que se van corrigiendo a medida que los comentarios de los lectores ironizan sobre su apresurado autor. Hasta los especialistas que adoctrinan acerca del uso del lenguaje incurren en decisiones molestas, conciliadoras con la época y al cabo insensatas, en esta marea de pecios que deja atrás un lenguaje, un mundo en retirada, camino de la expresión oral y el decir aproximado.

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