sábado, 25 de octubre de 2014

25 - X - 2014

   Las artes más misteriosas parecen ser las del sonido y el color. Los antiguos filósofos llamaban "cualidades secundarias" de los objetos a las que consideraban puestas por el sujeto, por ejemplo los colores o la textura. Serían "cualidades primarias" las objetivas, como el peso o la extensión. La pintura y la música tienen que ver con las cualidades secundarias, por lo que sólo hay un criterio para valorarlas: la percepción y sus variaciones o consecuencias  (la emoción, el estremecimiento, el impacto, el gusto...). Explicar por qué gusta una pintura o una obra musical es casi imposible porque convoca herramientas (la técnica, la razón...) que no pertenecen a la experiencia estética. Al final, la pintura gusta o no gusta, y el arte sucede. La Estética apenas si permite la glosa, el amaneramiento y la exclamación más o menos extática, es como si pidiera otra obra de arte, esta vez literaria.
   En la pequeña muestra de Maestros del Barroco en la Colección Cajasol que se expone en el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga  hay unas pinturas que impactan, y otras que no. Mezclar a maestros anónimos o incluso a Alonso Cano y Valdés Leal con Murillo o Zurbarán es una oportunidad excelente para comprobar la inclinación de nuestro gusto, eligiendo a ciegas los cuadros que consideramos más valiosos. El recorrido se hace en unos minutos, pero tal vez se repita otros días, aunque sólo sea para volver a ver los Murillos y, en mi caso, por este extraño retrato de San Pedro Nolasco asistido por dos ángeles, de Francisco de Zurbarán, que me parece un relato fantástico, pero pintado:

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