lunes, 29 de septiembre de 2014

"Sola y su alma", de Thomas Bailey Aldrich


   Es uno de los minicuentos fantásticos más perfectos que existen:

SOLA Y SU ALMA
Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.

   Así aparece en la Antología de Literatura Fantástica (1940) a cargo de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, donde se atribuye a Thomas Bailey Aldrich, y en concreto al vol. 9 de sus Works, pág. 341 (1912).
   En la antología Worlds in Small (Vancouver: Cacanadadada, 1992), el crítico canadiense John Robert Colombo protesta y asegura que debe tratarse de una travesura de Borges, un apócrifo, porque ni el poeta americano incluyó en sus obras este fragmento, ni hay entre ellas un volumen nueve ni se parece en nada al estilo de Aldrich, al contrario, más bien es en todo borgiano. Sabiendo que eso cuadra con los juegos de los argentinos, uno se siente tentado a iniciar una brevísima investigación, motivado en gran parte por la sospechosa semejanza con otro famoso minicuento, el de Fredric Brown de 1948:

LLAMADA
El último hombre de la Tierra estaba sentado a solas en su habitación. Llaman a la puerta…

   Este último es, nada menos, “el más memorable de todos los minicuentos” según Colombo, lo que podría sugerir que Borges ha copiado a Brown. Sin embargo, el antólogo canadiense advierte que ignoramos el origen de esta ocurrencia genial que el propio Brown deja claro no es suya (“Hay un delicioso cuento de horror que sólo consta de dos frases”, escribe al comienzo del relato en que se incluye, y acto seguido transcribe el minicuento, en cursiva), y de hecho el cuento completo se limita a desarrollar  las implicaciones de tan impactante arranque.

   La cosa se complica algo cuando comprobamos que el cuento de Aldrich ha aparecido antes que en la antología argentina en una de Dashiell Hammett titulada Creeps by Night (New York: John Day, 1931) y a partir de ella en otras derivadas (Modern Tales of Horror. London: Gollancz, 1932; Creeps by Night (edición abreviada). New York: Belmont, 1961; The Red Brain. New York: Belmont, 1961 y Breakdown and Other Thrillers. London: New English Library, 1968). ¿Se podría suponer que Brown, Borges y Bioy leyeron la antología de Hammett, una obra de gran valor aunque apareció en un formato para consumo popular, y que se apropiaron de la idea? ¿Podría ser que Fredric Brown recogiese la chispa, convirtiéndola en ciencia ficción, y los argentinos decidieran citar el texto inventándose una referencia culta? Con el tiempo, Borges se ha ganado a pulso su reputación de mixtificador y humorista, se sabe o se sospecha que sus referencias librescas no son siempre fiables (como decía Monterroso, uno puede oscilar entre creérselas todas y no creer ninguna). Es así que una referencia al poeta Aldrich tendría que resultar sospechosa cuando se devuelve “su” texto al idioma inglés en 1989, gracias a la traducción americana de The Book of Fantasy (que sigue la segunda edición, revisada en 1965, de la Antología de literatura fantástica), y de ahí las quejas de Colombo.

   Hasta aquí el planteamiento del problema, ahora vamos resolver el equívoco, no tan complicado en realidad. En primer lugar, sí existe una edición en nueve volúmenes de la obra de Aldrich, tal y como se comprueba curioseando por los catálogos de anticuario:

ALDRICH, Thomas Bailey GREENSLET, Ferris. Writings [Large-Paper [Autograph] Edition], In nine volumes]. Cambridge: Printed at the Riverside Press, 1897-1907. [Together with:] GREENSLET, Ferris. The Life of Thomas Bailey Aldrich. Cambridge, Massachussets Printed at the Riverside Press 1897.

   Y sobre todo existe un texto original de Aldrich sospechosamente parecido al que motiva la investigación:

Imagine all human beings swept off the face of the earth, excepting one man. Imagine this man in some vast city, New York of London. Imagine him on the third or fourth day of his solitude sitting in a house and hearing a ring at the door-bell!

   Pertenece a un libro de misceláneas disponible en el Project Gutenberg y titulado Ponkapog Papers (1903), en concreto al capítulo inicial, “Leaves from a Note Book”. Es curiosa, todo sea dicho, la similitud formal con otro cuento de Fredric Brown titulado “Imagine” (1955); pero en todo caso el texto de Aldrich es resumido o retomado de memoria por Dashiel Hammett, antes que por Brown, de la siguiente forma en el prólogo de su antología de 1931:

One of my own favorites is that attributed, I believe, to Thomas Bailey Aldrich:
A woman is sitting alone in a house. She knows she is alone in the whole world: every other living thing is dead. The doorbell rings.

   He aquí la corta historia del minicuento fantástico construido por los argentinos en su antología. Pocos microrrelatos puede decirse que han tenido tantos autores a lo largo del tiempo: Aldrich tuvo la ocurrencia y la anotó a principios de siglo, Hammett le otorgó altura literaria en los años treinta, Borges y Bioy lo rescataron de los fragmentos que solían anotar en sus cuadernos, lo fijaron y difundieron en las dos ediciones (1940 y 1965) de su gran Antología. En 1989 es devuelto al inglés, en los mismos términos que lo fijó Hammett, pero con un bello título de procedencia argentina: “A Woman Alone With Her Soul”. Las sospechas de que se trataba de un apócrifo terminaron de otorgarle una merecida y justa fama; pero los hechos en esta ocasión se imponen a la fantasía.

sábado, 20 de septiembre de 2014

20 - IX - 2014

Un tenue malestar hoy, que viene en realidad de otra época, cuando la letra con sangre entraba  y se quedaba impresa en las cicatrices. Aparece en este tiempo cargado de inmediatez y de artilugios, en el que cada vez es menos frecuente leer textos no ya con estilo, ni siquiera correctamente escritos. Las leyendas en los telediarios repletas de incoherencias y errores, tantos como los del Presidente del Gobierno cuando improvisa sus victoriosos discursos en las Cortes, las traducciones descuidadas en los libros, con faltas de ortografía y puntuaciones arbitrarias, los titulares de periódico que se van corrigiendo a medida que los comentarios de los lectores ironizan sobre su apresurado autor. Hasta los especialistas que adoctrinan acerca del uso del lenguaje incurren en decisiones molestas, conciliadoras con la época y al cabo insensatas, en esta marea de pecios que deja atrás un lenguaje, un mundo en retirada, camino de la expresión oral y el decir aproximado.